Nada más llegar, los visitantes quedan pronto impresionados por unos paisajes y una orografía espectaculares que abarcan hasta donde la vista alcanza. Cuando se consigue asimilar la geografía y ambiente del lugar, uno se da cuenta de que es éste un mundo de contrastes, un ámbito privado que aloja todo lo que es puro y salvaje; un lugar que anima a explorarlo y a conocerlo al tiempo que ofrece grandes emociones. Aquí su agenda está en blanco, sólo vd. marca sus obligaciones. Hay quien prefiere acomodarse bajo el cálido sol, leer un libro y saborear un tinto con buen cuerpo de una de las muchas bodegas locales; mientras, otros se lanzan al monte empeñados en disfrutar del paisaje desde la otra perspectiva, desde lo alto. Una
atractiva red de senderos ofrece actividades para todos los niveles de experiencia y forma física. Por el camino, puede detenerse un momento a apreciar la inusual vegetación que se muestra a su lado, o girar la vista haca arriba para disfrutar del majestuoso vuelo de una rapaz sobre un intenso cielo azul. Incluso se forjan amistades; a menudo, se forman espontáneos grupos dispuestos
a disfrutar de todo lo que ofrecen las montañas, para después apreciar la hostelería local degustando las especialidades de la zona regadas generosamente con un espléndido vino. Además de las caminatas y escaladas en las montañas, la comarca es conocida por sus diversas actividades de aire libre, como los deportes acuáticos, la natación, la pesca y el descenso de cañones. Es un
hervidero para los que disfrutan de estas sensaciones. Y en lo que respecta a actividades más relajadas, Sobrarbe está repleta de oferta cultural. Como todas las comarcas históricas, el antiguo condado de Sobrarbe ha vivido un pasado variado y colorido, que incluye episodios memorables y que ha logrado definir una forma de ser única como "país de frontera". Aquí las calles y su arquitectura tienen una historia singular; la gente del lugar gusta de contar historias y sabe divertirse, mostrándose encantada de recibir al forastero. En los pequeños pueblos, sus fiestas, trajes, bailes y canciones, y aun la permanencia de su vieja lengua, hacen la delicia de quienes los presencian y evidencian el valor de su patrimonio etnológico.

